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ÁNGEL MARCANO
Dibujar el volumen
Al dibujar con un material tan poco convencional como lo es el alambre, Ángel Marcano logra transgredir la bidimensionalidad del trazo para sugerir una volumetría virtual. De allí que en su propuesta plástica el volumen deviene en dibujo tridimensional y éste alcanza nuevas percepciones del objeto de representación.
En un principio, sus imágenes “esbozaban” fragmentos de la figura humana: bocas, dedos o genitales despertaban el deseo erotizado y sensible de la experiencia visual. Esta suerte de alfabeto orgánico sometido a una intensa serialización del segmento, transfiere finalmente los atributos decorativos del referente.
Si entonces la representación del sujeto biológico evocaba la experiencia placentera del cuerpo, ahora son las decoraciones arquitectónicas – molduras, capiteles, escayolas o frontispicios- las que recuerdan el tránsito de Ángel por el Viejo Mundo y sobrevienen en remembranza de una historia personal registrada a la manera de los “pintores viajeros” de otros tiempos.
La disolución entre los límites del dibujo y la escultura fue sin duda la herencia que las estructuras de Gego dibujaron en el espacio. Sus cercanas resonancias con la obra de Marcano podrían si acaso coincidir en lo artesanal del material utilizado en la construcción, la intuición del vacío, y en la línea y el dibujo como esencia primordial que se apropia del espacio.
Ruth Auerbach
Marzo 2006
AURELIANO PARRA
Aureliano Parra diseña metódicamente una suerte de arquitectura pictórica como si la construyera a partir de una paleta cromática tradicional. Va armando y pintando el cuerpo de su indagación. El color se hace elemento narrativo, lo crea para recrearlo espacialmente. Va al encuentro de esos posibles espacios habitables que tanto le van sugiriendo nuevos caminos y cambios.
RAYMOND ROMERO
Las obras de Raymond son unas “cosas” cifradas, en las que el material, en la propia plenitud de su presencia textural y cromática, se dispone para una forma –un sentido- que sugiere sin concluir, sin clausurar y que, por tanto, está allí pidiéndonos participar en un juego, el juego alegre en el que pueden encontrarse la mirada y el tacto, un juego para la sensualidad. Esos colores estridentes y seductores, esas texturas que reclaman tacto y cercanía, conforman unos objetos que tienden a apropiarse del espacio siempre más allá del sitio específico que ocupan, y que se presenten ungiéndonos una caricia, el contacto, la inmediatez, aproximación.
Sandra Pinardi.
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